Sobre la reclusión subjetiva, la abundancia y la escasez

Durante la infancia nuestro mundo es coloreado por la conglomeración de sistemas que nos rodean. Todo es presentado ante nosotros filtrado por lentes ajenos, comprimido en tonalidades de tradición, ubicación geográfica y clase social. En el momento de concepción cada individuo trae consigo un bagaje de etiquetas subjetivas, las cuales marcan su experiencia de manera significativa a lo largo de su vida.

Cada uno de nosotros estamos regidos por la historia que nos contamos a nosotros sobre nosotros, quienes somos, aptitudes, aspiraciones, defectos, nacionalidad, religión, sexo, etc. Esta narrativa es el sentido de identidad que llegamos a forjar en un mundo absurdo e indiferente ante nuestros deseos.

La realidad es depurada cuidadosamente para moldear al infante de acuerdo a la cultura a que pertenece.

La personalidad puede pensarse como un mecanismo de defensa que engendra el individuo como respuesta a la conducta ambivalente de la vida, una telaraña de creencias y habitos en el arte de como vivir.  Es necesario crear un yo”, un sentido de identidad que sirva para diferenciarnos y perdurar en un mundo que responde con silencio ante las preguntas mas sustanciales de la condición humana.

En nuestra actual era narcisista, donde el principio por el que se lucha es el de la conservación, imposición y plenitud del propio yo, sin rendir pleitesía ni a veces prestar tan siquiera atención a la armonía del conjunto el único resultado coherente es generar individuos defectuosos emocionalmente.

Una sociedad que mantiene la cordura gracias a sus dosis regulares de hipocresía y regodeo en el progreso, donde el sumo de los males no es una peste negra o una segunda guerra mundial sino el soul sickness, el declive del bienestar de animo.

Nuestra configuración de fábrica se convierte en la escasez, donde la fijación no esta en el regocijo de lo que se tiene sino en la sobre preocupación fetichista de lo que falta.

Sin entrar en detalles estadísticos super ultra rigurosos a los cuales cualquier persona con internet puede acceder sin dificultad, vivimos en una sociedad cada vez mas abundante en términos de wellbeing. Donde inevitablemente aun existe una gran gama de problemas sociales que no han sido resueltos pero no todo es tan apocalíptico como aparenta a simple vista.

Una insuficiencia de gratitud ha manchado el pensamiento colectivo y engendrado esta escasez estrictamente psicológica que trasciende toda plomería biológica. Una penuria de los elementos que conforman el arsenal existencial de un individuo íntegro, que niebla la consciencia y mantiene al organismo en una estado perpetuo de angustia.

En la privación el principal objetivo es mantenerse a flote, coping instead of thriving, todo el ancho de banda mental del individuo se emplea en hacer todo lo posible para arreglárselas con la existencia por su cuenta. Con costos puede flotar y si alguien intentara aferrarse de el se hundirían los dos.

A lo largo del crecimiento cada uno va adaptando patrones de pensamiento, convicciones y diferentes maneras de sobrellevar los problemas de la vida, en muchos casos algunas soluciones mas óptimas que otras. Un ejemplo muy claro son las adicciones, su función principal es servir como un tipo de almohada de represión psicológica donde el individuo puede encontrar reposo por un tiempo limitado de toda emoción que cataloga como nociva.

Durante el escape la vigilia es adormecida, todo problema deja de aparentar ser relevante, el momento opaca la percepción del tiempo, sea un trance desaforado de netflix, drogas estimulantes, comida delicadamente diseñada para generar una descarga descomunal de dopamina en nuestros neurotransmisores o una extensa excursión social arraigada en el sensualismo, todas comparten las mismas características en cuanto a escape. El individuo se siente a sí infinito, desligado del tiempo y de su sense of self pero esta “felicidad” sintética deja un sabor amargo por el hecho de estar subordinada a la fortuna, depende de las circunstancias y por lo tanto puede desaparecer con la misma facilidad que apareció.

Esta fuga momentánea solo evidencia los restos de una carencia superior, una existencia anestesiada infundida por un sentimiento duradero de escasez. La incongruencia parte del hecho que la adicción siempre esta consciente de su insuficiencia y por ende es imposible de satisfacer.

Este mismo acto de berrinche existencial se convierte en una profecía autocumplida debido a que aquel que solo hace énfasis a lo defectuoso de su experiencia se predispone a acrecentar sus calumnias sin lograr ninguna mejora.

 Estas experiencias en papel no son necesariamente destructivas, en moderación tienden a causar efectos de catarsis. Pero su misma naturaleza las convierte en un problema para todo aquel que no haya desarrollado estratagemas productivas para resolver sus males de espíritu. Nada bueno podría engendrarse entre la mezcla de frustración incomprendida y represión excepto tal vez numerosos casos de delincuentes sexuales, asesinos en serie y neurosis colectiva.
A nivel biológico esto tiene mucho sentido, mantener al organismo seguro de la incomodidad que ejercen sus platos sucios aunque el escapismo sea incapaz de satisfacer las necesidades psicológicas del individuo. La discrepancia se genera cuando el individuo se vuelve consciente que este sostén emocional es contraproducente para su realización personal.
Fue el psicólogo americano Abraham Maslow (1908-1970) quien propuso que todo ser humano tiene necesidades psicológicas que deben ser satisfechas para lograr el funcionamiento correcto de sus facultades y que existe una jerarquía entre la importancia de estas.

 

Según Maslow, cada persona es capaz y tiene el deseo de ascender en la jerarquía hacia un nivel mayor de autorealización. Desafortunadamente, el progreso es a menudo interrumpido por una insuficiencia para satisfacer las necesidades de menor nivel.  Las experiencias de la vida pueden hacer que un individuo fluctúe entre niveles de abundancia y escasez en la jerarquía.

Regresando un poco a la idea anterior, la historia que nos contamos a nosotros sobre nosotros tiende a ubicarse en el lado de la reclusión subjetiva junto a una cosmovisión desinformada de pensamiento dicotómico. No se nos enseña a procesar con aceptación los contenidos de nuestro mundo interior, sino a juzgarlos en términos de bueno o malo.

La escala de grises existe, las emociones nunca son positivas o negativas. Ambos extremos caen en el exceso, por un lado tenemos una visión delirante acerca de la realidad mientras que el otro es una perspectiva victimizadora arraigada en la bajo autoestima y el pesimismo. Las emociones son los trotamundos del subconsciente, desempeñan un papel meramente expositivo de mediador entre cuerpo y mente. Se presentan en son de paz a brindar el mensaje de una necesidad no colmada.

En otras palabras vemos el mundo a través de nuestra idiosincracia, etiquetando cada producto de acuerdo a nuestro conocimiento limitado y generando una opinión poco formulada acerca de la realidad.  

 Los patrones de pensamiento, las creencias que adaptamos como mecanismos de defensa incapacitan al individuo de satisfacer sus necesidades psicológicas. 

Al igual que los padres alcahuetas que malacostumbran a su hijo cumpliendo cada uno de sus caprichos sin importar que actue de manera inadecuada. Recompensando positivamente un habito negativo y instaurando el credo de la gratificación instantánea.

Tememos los estímulos que son necesarios para nuestro crecimiento por miedo a extinción. Por ejemplo: ¿De donde proviene el terror a hablar en público? Se podría conjeturar que es un miedo al rechazo, al ser desterrado de una comunidad y por ende tiene un objetivo biológico pero al final de cuentas es un miedo irracional.  En una sociedad moderna donde el hombre ha triunfado sobre sus depredadores del pasado no todo peligro significa advertencia de muerte.

Esta fundado sobre la expectativa que el otro me va a juzgar negativamente. La ansiedad es desencadenada por un peligro futuro contingente del cual no estamos seguros si siquiera llegara a ocurrir. 

El mayor error es pretender que nuestra verdad es la única verdad y atribuirle todo un rango de convicción celestial a una linea de pensamiento inestable. Fue Nietzsche quien proclamo: “No hay hechos, solo interpretaciones”, There are no facts, only interpretations.  La mirada es la que otorga el sentido y como tal cometemos el error de vislumbrar el mundo con una perspectiva desaturada.

Pero si todo realmente dependiera del punto de vista, ¿como llegamos a un conocimiento íntegro de la realidad con nuestras facultades tan limitadas? El paso #1 es la realización que todo lo que comprendemos acerca del mundo, acerca de nosotros mismos y sobre los demás es solo una pequeña pincelada en el gran esquema subjetivo de las cosas.

Meaning is in the eye of the beholder, or is it?

El paso #2 es ejercer volición sobre nuestra perspectiva o sumergirnos en el charco de reclusión subjetiva, victimización y determinismo. Abrir la apertura del lente o permanecer en la ignorancia. Algo así como las dos píldoras de Matrix donde hasta el no elegir se convierte en una elección. Aprender a caminar o arrastrarse.

Escuchar el llamado de la consciencia requiere un cambio en la narrativa interior, cultivar una visión del mundo arraigada en la abundancia y no en la escasez, una perspectiva mas instruida en la búsqueda de una vida significativa.

Por abundancia me refiero a un exceso de capital psicológico, una exuberancia de prosperidad, riqueza o bienestar, pero no en el sentido monetario o material sino un estado de autosuficiencia emocional, un overload de energía psicológica que induce vida.

Para insertar una imagen mas metafórica, es el hangar donde aterriza el individuo después de ejercer su voluntad y satisfacer sus necesidades existenciales, donde la fragancia de cada momento susurra acordes que fluyen deliberadamente y la fijación por acomodar los minutos desaparece.

El mundo adapta una tonalidad impregnada de gratitud y humildad ante la naturaleza absurda de la existencia donde el sufrimiento es aceptado como un mal necesario de la experiencia. Podría describirse como el estado de animo idóneo para la vida, una frecuencia de energía  o “buena vibra” en la jerga hippie que conduce al florecer de la consciencia humana y desemboca en un comportamiento interesado por la armonía del conjunto.

Una sensación de profunda satisfacción personal similar a una descarga de fuegos artificiales donde se es transportado a un universo lejos de todo allanamiento mental. Durante estos momentos de exaltación el individuo es infundido por una necesidad turbulenta de expresión personal. Un deseo vehemente por compartir lo que ha aprendido con el mundo. Bajo este termino de abundancia, un millonario no es quien tenga una suma copiosa de dinero en su cuenta bancaria sino aquel que es capaz de influir positivamente a un millón de personas.

La conclusión a la que quiero llegar sin entrar en terrenos utópicos y extenderme indefinidamente es que en la abundancia se encuentra la mayor expresión de gratitud hacia la vida, la misma experiencia contemplativa de existir se vuelve el valor primogénito para el hombre cuando logra saldar el pago de sus necesidades psicológicas.

La realidad interior colorea a su gusto el mundo exterior; un hombre es literalmente lo que piensa, siendo su carácter la suma completa de todos sus pensamientos. Es necesario ejercer responsabilidad en cuanto a la narrativa interior si la finalidad es un sentimiento de satisfacción personal desligado de las circunstancias.

Cultivando una cosmovisión que va más allá del “yo” se logra emerger de la reclusión subjetiva y orientar la voluntad hacia un camino mas agradable, no perfecto puesto que la perfección deforma aquel la persigue ciegamente, sino mas instruido de acuerdo a la naturaleza de la realidad.

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