Amada, Creatividad:

Her
 

Arte, Ahmed Youssri

 

Esto es para los locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los alborotadores. Las clavijas redondas en los agujeros cuadrados. Los que ven las cosas de forma diferente. Quienes no prestan atención a las reglas y no tienen respeto por el status quo. Pueden citarlos, estar en desacuerdo con ellos, glorificarlos o insultarlos. Pero lo único que no pueden hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Empujan a la raza humana hacia adelante. Y mientras algunos pueden verlos como ingenuos, nosotros vemos genios. Porque aquellos que están lo suficientemente locos como para pensar que pueden cambiar el mundo, son quienes en realidad lo hacen.

No se sabe a quién adjudicar tal frase, si a la mente rebelde e ingeniosa de Steve Jobs, quien la difundió en el mundo e hizo que fuera “viral” (término aun anacrónico para aquella era pre-Facebook/ YouTube/ y todos los demás) o el posiblemente autor, Rob Siltanen. No nos incumbe dar esta resolución a nosotros, pues no nos interesa y, además,  porque la frase por sí sola logra el objetivo: despertarnos.

Pareciera que la frase en sí engendrara un cuerpo y nos hablara sin titubear, que son dos grandes ojos cristalinos viéndonos contundentemente al alma, apuntando con su dedo alterado por altas temperaturas y dejando una marca en nuestra alma, una marca de ganado entre la raza creativa que incita no menos que a eso, crear.

Nos incita a visitar a aquellos paisajes mentales que nos son desconocidos; hace quemar nuestra zona de confort porque dependemos de nuestra propia voluntad para tomar el equipaje – nuesta mente – y volar. Timothy Leary, decía que para usar tu mente tenés que salir de tu cabeza. No todas las respuestas las damos gracias a nuestro lóbulo frontal (o Wikipedia, para ser más contemporáneos).

Hay que procurar que nuestro exoesqueleto esté delineado por fronteras surreales – si de limitarse se tratara.

m7ddteDebemos volcarnos de la cama en nuestro cuarto lleno de moho para caer en un campo seudo-habitado – que se está y a la vez no – un espacio en el cual no pertenecemos pero tenemos autorización para ingresar tan solo de paso, de forma efímera, caminar ágil y sigilosamente pero muy veloz a través de tal nación.

En esta nación es donde habitan las ideas, donde habitan nuestra imaginación e inspiración. Pagamos por el boleto a un reino donde se acostumbran el asombro y la serendipia.

Se dice que cuando creamos tan solo arropamos la epifanía que se haya en cierto universo paralelo, este universo, generando la fuerza magnética de creatividad que fluye a través de nosotros y no exactamente desde nosotros; como una ballesta que emana sus flechas flameantes y rasgan nuestro cerebro al calor de sus llamas perforando la burbuja donde se encontraba el hambre por crear dormitando.

Es cierto que puede acompañarnos pero no nos pertenece, pues esta onda senoidal artística tan solo nos permite habitarla con la condición de que ella también nos habite  y solo por un periodo muy corto que se resume en el ímpetu de una explosión.

Donde el resultado de nuestra fisión celular/espiritual es plasmada en un canvas, un libro, una tonada o un edificio, un cohete, una cura.

Un gran artista es sólo un conducto para una expresión que razona con algo que es más grande que él mismoImaginary Foundation

Se nos permite el ingreso porque nos vemos exigidos a proveer de vuelta. “El creativo y el loco se parecen tanto en que muerden más de lo que pueden masticar, pero el artista lo vomita y de nuevo lo vuelve a masticar ahora de una manera objetiva, como un proyecto de trabajo externo y activo” pensaba nuestro gran tutor de vida, Ernest Becker.

El artista debe procurar una secuela más bella de la que ya ha tomado.

Increíble pero efectivo, de una forma incomprensible el artista ha dominado su esquizofrenia, esta es ahora domesticada para sacrificar una parte de sí y exponerse ante la turbulencia del vuelo que lo lleva a un túnel de realidad, el extensivo rabbit hole, y perderse en él para luego volver y contar las visiones.

Regresar y proveer al mundo de estos souvenirs surrealistas, volver para contar los cuentos en letras, en corcheas o en 24 cuadros por segundo.

Bowie:ish
Hora de regresar a casa para el cuento.

Esta es una carta de la creatividad para vos, guionista de vida. Una carta en la que, junto a ella, nos sentamos a tu lado a contemplar el mismo mar y sentir cómo la brisa se las arregla para susurrarnos que todo está bien, que sabemos lo difícil que es crear.

Lo difícil que es plasmar, copular y materializar las ideas, que estas no hacen el estrago sino el proceso de iluminación (énfasis a aquellos familiarizados con la fotografía y el cine) lo harto que nos vuelve el proceso de persistencia, constancia; el no saber porqué nos rasgamos los dedos escalando esta empinada, interminable y pedregosa colina; lo frío y solitario, solitario  porque no hay nadie allí arriba, algunos ya terminaron de escalar, otros acaban de empezar y la mayoría tanto fue picoteada por las aves de la pereza e inconsistencia o han caído llevándose unos cuantos cuerpos hacia bajo con sigo.

Tediosas, aburridas, refutables estadísticas te podrán decir que el porcentaje de personas que crea cultura, que crea contenido, estos a quienes intercambiamos dinero para que nos trasladen de dimensión en dimensión y nos saquen de nuestros cubículos de pensamiento, suman tan solo un 10% – otros dicen que únicamente el 1% – de la población total mundial.

Lo relevante es que son (¿somos?) pocos. Pero han existido. Espontáneamente han sido ubicados alrededor del globo terráqueo y en simultáneas y diferentes épocas, con diferentes talentos, pero podemos nombrarlos – y eso hace a la colina conquistable.

Me retiro sin la necesidad de finalizar este artículo como si se tratase de una guía de sobrevivencia para pubertos, pues no hay manual para la vida, ahora menos un capítulo conteniendo el ciclo de la creatividad.

Nos toca enfrentarnos ante ella como la mano que nos señala con intenciones de herir; los ojos que regañan hasta el alma; las cifras que te hacen uno más del montón.

En fin, ¿hasta hoy, qué has hecho? – porque hay que viajar y espero que no hayás perdido tu boleto.

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