El dilema existencial, heroísmo y la negación de la muerte

“Surgir de la nada, disfrutar de un nombre, consciencia de sí, profundos sentimientos personales, un anhelo irresistible por la vida y, aún con todo esto, igual morir.”

Este es el dilema de la existencia humana del cual nos habla Ernest Becker en su magnánimo manifesto sobre la condición humana, la muerte y la tensión que se genera al intentar alinear estas dos líneas de pensamiento antagónicas.  La vigilia nos ofrece la capacidad de estar conscientes en el aquí y ahora, reflexionar sobre el mundo que nos rodea, el universo y lo que podría significar un término tan abstracto como “el todo” pero tambien es el responsable de mostrarnos la cruda verdad en pantalla plana a 24 cuadros por segundo, la promesa de una muerte segura al final de la película.

The writings of the anthropologist Ernest Becker (1924–1974) inspired the formulation of a psychological theory of social motivation—Terror Management Theory— that is supported by extensive empirical work. THE ERNEST BECKER FOUNDATION
Ernest Becker, antropólogo judío americano (1924-1974)

A nivel biológico, nuestro organismo está condicionado a seguir un instinto de autopreservación, persiguiendo a nivel inconsciente aquello que considera nos ayudará a sobrevivir y reproducirnos. El comportamiento del individuo siempre estará influenciado por esta supervivencia  darwiniana del más apto que busca su perpetuación infinita. El miedo siempre ha funcionado como un sistema personalizado de seguridad, el cual alerta al animal noticias sobre cualquier peligro cercano y lo hace entrar instintivamente en un estado de fight or flight. Pero a diferencia de los demás miembros del reino animal, quienes viven en un estado improvisacional de presencia inconsciente, el hombre es el único que posee el conocimiento explícito de su inevitable game over al final de la partida. 

Entretener la idea de una cita a ciegas con la nada induce al individuo en un estado de angustia existencial, donde pronostica un peligro futuro del cual no puede esconderse. Un depredador que lo persigue en todo momento de reflexión metafísica. Sabemos que vamos a morir pero vivimos postergando la idea que somos parte de una partida de ajedrez obligatoria en la cual el único resultado posible es perder. Nuestro pensamiento nos convence que somos especiales, que tenemos razón, que somos la última chupada de mango existencial, mientras la realidad que se nos presenta es otra, estamos atados a un cuerpo que envejece y se marchita, un mundo supeditado por la impermanencia y su manifestación más despiadada, la muerte.

The Seventh Seal (id: 30120)
“La muerte está justo detrás de vosotros. Su guadaña centellea sobre vuestras cabezas” – El Séptimo Sello

 El hecho que estamos conscientes que nacemos con una sentencia de muerte, obligados a aceptar un contrato del cual no fuimos parte, el ser un organismo temporal capaz de escribir poesía, apegarse a las cosas y soñar; cocidos en los hornos de las estrellas, todo eso para simplemente desaparecer del mundo en silencio, como si nunca hubiéramos tenido algún valor intrínseco o un propósito en el gran esquema de las cosas, es la mayor humillación posible para el orgullo humano.

Según Becker, el temor a la muerte es natural y está presente en todos, es el miedo básico que influye en todos los demás, un miedo del que nadie es inmune, por más disfrazado que esté. La ansia es el resultado de la insoportable verdad entrelazada a la condición humana. Este entendimiento explícito de nuestra futura aniquilación a diferencia de los demás animales coloca al hombre en una situación incómoda, en la cual debe nublar su propia vigilia para poder funcionar en el mundo, impregna nuestra vida con una agitación a la que tenemos que responder con algún tipo de capacidad creadora o destructora.

La hipótesis principal que desarrolla en su libro The Denial of Death es que la cultura es en última instancia un sistema elaborado simbólico, el cual funciona como mecanismo de defensa contra el conocimiento tajante de nuestra propia mortalidad. Este dispositivo de protección es la respuesta instintiva del hombre cuando choca cara a cara con la realización que todo se disuelve en la nada como la sal en el agua.

“Todos estamos caminando lentamente hacia la muerte, pero estamos aquí, por un momento, vivos. Cada uno sabiendo que vamos a morir, cada uno creyendo en secreto que no sucederá.” – Synecdoche , New York

El poseer la capacidad de pensar simbólicamente, de hacer que un objeto represente otro, de proyectarnos en el futuro o retroceder al pasado engendra en el individuo la suficiencia para generar un “yo” simbólico. Mediante el cual es capaz de dibujar un sistema de creencias que le garantizan una inmortalidad trascendental, una tajada de eternidad, un sentimiento de pertenencia el cual empapa toda su vida de un significado en el gran esquema de las cosas.

Viviendo exitosamente bajo el contrato de su mapa ontológico, el individuo responde al terror de la muerte mediante el heroísmo. Aquí es donde se expresa abiertamente el trágico destino del hombre: su necesidad desesperada de justificarse como objeto de valor primordial en el universo, debe ser un héroe, dejar un legado, contribuir a una causa noble. El simple hecho de existir requiere que afirmemos nuestra existencia como seres singulares.

“La vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad, y procura ocultarla con un telón fantasmagórico donde todo está muy claro. No le preocupa que sus “ideas” no sean ciertas, las usa como trincheras para la defensa de su existencia, como espantapájaros para asustar la realidad.” – José Ortega y Gasset.

Nuestra crisis moderna de heroísmo es reflejada por el fallo de los mapas ontológicos establecidos por la cultura, el individuo no puede sentirse heroico siguiendo una causa en la cual no puede creer, la religión, las relaciones amorosas, las ideologías políticas, el trabajo han perdido su encanto trascendental que antes hipnotizaba la voluntad del hombre. La depresión ocurre cuando el individuo se siente insuficiente al no poder vivir de acuerdo con el proyecto de inmortalización que le ha sido impuesto por la cultura.

El verdadero problema aparece cuando se enfrentan dos proyectos de inmortalización opuestos. La existencia de otro punto de vista pone en peligro la certeza de mi sistema de heroísmo, generando así una conflagración por ver quien tiene el verdadero proyecto de inmortalidad. En este caso la respuesta instintiva del hombre es eliminar a toda costa cualquier persona que contradiga sus creencias, volviéndose así intolerante a otros sistemas simbólicos de eternidad. 

“My god is better than your god and we will kick your ass to prove it”

En el caso del estoicismo ellos resuelven el dilema de la condición humana por medio de la aceptación. La muerte deja de ser vista como el mayor mal, sino como un intercambio equitativo y necesario para la existencia. Se prepara a lo largo de toda una vida para enfrentar la muerte, adentrarse honradamente en ese último “buenas noches” es considerada la mayor expresión de heroísmo y valor para el individuo.

Tememos la muerte porque solo conocemos la vida, es algo desconocido para nosotros, no hay ningún contexto al cual aferrarnos. Para los estoicos la muerte es un símbolo que otorga sentido a la vida, no escapan de este conocimiento sino que lo abrazan, lo adhieren a su filosofía de vida, memento mori.  La muerte funciona como el cronómetro que torna cada momento invaluable, singular y extraordinario.

El hecho que la vida sea una experiencia única donde cada momento muere después de ser saboreado por unos cuantos segundos es justamente lo que la hace tan placentera, el querer distorsionar el funcionamiento natural de las cosas despojaría la vida de todo sentido. Cuando un producto es exclusivo se tiende a apreciar más el valor y la calidad del mismo, mientras que conforme más aumenta la abundancia la apreciación del cliente disminuye.

Por medio de la reflexión, la filosofía estoica logra reprimir el miedo instintivo hacia la muerte. Similar al credo budista de ningún apego, se desligan humildemente de su orgullo que los apega a la vida en busca de un eterno paraíso de victoria heroica sobre su condición mortal. Estas construcciones ideológicas funcionan como ilusiones que le permiten al individuo embriagarse del ahora y olvidarse de su terror primal.

El ser humano busca desenfrenadamente la mentira más convincente con la cual embriagarse, el propósito más contundente para calmar su terror por la muerte. Este instinto narcisista por sobrevivir e inscribir sus iniciales en algún árbol cercano, adapta la narrativa más práctica para su realización. El individuo se siente inferior precisamente cuando carece de “verdaderos valores internos de personalidad”, cuando es simplemente un producto del sistema y no tiene un giroscopio interior estable en el cual centrarse a sí mismo. 

Esta es una de las maneras en las que el individuo puede hacer las paces con su naturaleza predeterminada, solucionando el problema de la muerte mediante su potencial creativo, maquinando un mapa ontológico que sea capaz de brindarle este sentimiento de heroísmo cósmico que tanto desea. Engendrando una obra de arte que trascienda su propia existencia temporal y en la cual su esencia personal quede inmortalizada simbólicamente en el firmamento.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ellipsism dice:

    Muy interesante la parte en la que se habla del papel de cultura para conformar una protección al individuo frente a la idea de la muerte, y como desde hace años, debido a la pérdida de valor de los grandes relatos, ésta protección se ve afectada. Muy completo, desde estóicos a budistas, buen trabajo.

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    1. juliancampa dice:

      Es un poco incomodo pensar en la idea de que somos el único animal que necesita producir una mentira para poder sobrevivir pero de cierta forma creo que así funcionan las cosas, engendramos la mentira mas cómoda para funcionar en el día a día. Muchas gracias por haber tomado los minutos de leer este artículo y compartir estas palabras.

      Le gusta a 2 personas

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