La ignorante ignorancia y cómo ignorarla

Oh ser, oh paupérrima vida, desconocer de las palabras, los sabores, las emociones y aún así conformarse; repetir por miedo, disfrutar por condescendencia, olvidar por orgullo.

El ser humano, se ha dicho, es el único animal que goza con la conducta de explorar, sin embargo, es también el único capaz de conformarse por decisión y a la vez nunca quedar en paz; creer que ya no hay más o creer que siempre lo hay. Consumir por despecho, ahogarse en pobreza.

Fueran así sus decisiones tomadas por la profunda introspección personal, por la realización y constante consciencia de su presente y condiciones pero mas no son tomadas por la “ignorancia” y el miedo, por el ego e irresponsabilidad. No aspira a más porque teme salir de su zona de confort y asumir todo el esfuerzo que conlleva, como de igual forma puede aspirar a cuanta publicidad conozca; teme a un periodo largo sin ver resultados, piensa que lo que más sobra es tiempo que vida y, asimismo, prefiere tolerar cualquier desenlace por irresistencia a un ciclo. Consume harto material o se atreve a pensar que ha visto demasiados amaneceres.

Cabe aclarar, ante todo esto, que la publicidad y la zona de confort no son el problema, en efecto, la publicidad recrea cultura, la zona de confort da confianza, mas sí la responsabilidad recae totalmente en nosotros mismos. En atribuir más tiempo del necesario a las dos anteriores. En escuchar por repetidas ocasiones a la sociedad y sucumbir ante ella. La responsabilidad de no saber qué queremos. El miedo de perder nos retrae más que la pasión de actuar.

¿Y por qué nos retrae este miedo? ¿Por qué no sabemos lo que queremos?

Una fácil respuesta es considerar nuestra tan humana, tan innata ignorancia.

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Libro

Tenemos miedo porque ignoramos, somos indecisos porque ignoramos. La falta de información siempre nos lleva a dudar, y la duda al miedo, pues nos exponemos a lo desconocido y sin referencias nos vemos limitados a nuestros primitivos sentidos sin poder dar más respuesta. Pero la falta de información o ignorancia, no puede ser la causa, tal enunciado es completa falacia, porque, y según Confucio junto con otros grandes pensadores, la sabiduría nace cuando se empieza a ignorar lo que no es importante, no cuando se llega a saberlo todo – ya que, redundantemente, somos incapaces de lograrlo.

Entonces, ¿por qué justificamos nuestra indecisión, infortunios y mentiras directamente proporcional a nuestra ignorancia? cuando, en realidad, más ignorancia nos hace sabios, y esto, con mayor facilidad, exitosos.

No saber de algo no es problema, el problema es saber y nunca hacer.

Lo que falla es nuestra conceptualización de la ignorancia, llevándonos a nublar el reconocimiento de las verdaderas causas de la perdición en nuestras vidas y la falta de logros bajo nuestros estándares.

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Birdman (2014) o la inesperada virtud de la ignorancia

Los humanos hemos adoptado cómodamente, como siempre, justificar que por ignorar no podemos, no sabemos, no hacemos. “Dichosos los formados”, pero, ¿formados en qué? ¿En ignorar mucho de todo o ignorar poco de mucho? Ignorar, no se trata de desconocer respuestas, se trata de abundar en preguntas. La incapacidad de no responder no nos limita, ser incapaces de preguntar nos esclaviza.

No es la respuesta quién habla, sino la correcta pregunta quien descifra el enigma.

Ya decía Albert Einstein, que la ciencia siempre se equivocaba, pues no podía dar con la solución sin crear diez problemas más, es decir, diez preguntas más por responder, algo que, contrario a lo que la mayoría considera, nos hace abundar en información.

“One never notices what has been done; one can only see what remains to be done”, frase enunciada por Marie Curie después de haber logrado terminar su segundo doctorado; “Nunca pensamos en lo que ya se ha hecho, sino en lo que falta por hacer”.

Caemos en el repetitivo error de despreocuparnos porque tenemos el “permiso” de permanecer indefinidamente ignorantes, cuando nuestro mayor problema está en la falta de esfuerzo y paciencia. Si de ignorancia se tratara, nadie en el mundo, absolutamente nadie, hubiera logrado o lograría el éxito, porque siempre pasaremos por alto algún criterio o concepto de algún tópico, sin embargo, nuestra mayor virtud reside en conglomerar el esfuerzo y ajustar la paciencia de seguir preguntando cada vez más y más, mejores preguntas, más específicas y más seguras.

A la vez, esas son las verdaderas causas de nuestra perdición: esfuerzo y paciencia. Hay quienes emplean demasiada energía ejerciendo cierta actividad, pero no desarrollan, análogamente, la paciencia; hay quienes son pacientes el resto de su vida puesto a que no ven la necesidad de tanto esfuerzo. Ya sea partiendo de una o la otra, la ignorancia siempre será compañía, he ahí la importancia de procurar ser conscientemente ignorantes; inteligente y consciente ignorancia, no ignorante ignorancia.

La ignorancia tiende a tener malas connotaciones, en este caso, me refiero a un tipo diferente de ignorancia. Me refiero a una especie de ignorancia que es menos peyorativa, una especie de ignorancia que proviene de una brecha comunal en nuestro conocimiento, algo que no está ahí para ser conocido o no se sabe lo suficientemente bien todavía o no podemos hacer predicciones de, el tipo de ignorancia que tal vez  es mejor resumida en una declaración de James Clerk Maxwell, quizás el físico más grande entre Newton y Einstein, quien dijo: “La ignorancia concienzuda es el preludio de todo avance real en la ciencia”. – Stuart Firestein en su TEDTalk

¿Y en qué procurar ser conscientemente ignorantes? En aquello de lo que queremos aprender. En todo aquello que nos atraiga, nos inspire; esos temas de los cuales queremos regir nuestras vidas. ¿Todo lo demás, lo que no nos importa o llame la atención? Procurar ser causalmente ignorantes, es decir, ignorar por sabiduría, para saber menos de más y más de menos. Para generar moméntum – que es el producto de una masa por la velocidad que esta lleva – o sea, nosotros como masa y la velocidad en nuestro enfoque de vida. Causar moméntum no significa ir de prisa, significa llevar constancia, mantener un ritmo y una meta elaborados en conjunto con paciencia y esfuerzo; donde, si la masa se detuviera, no es por falta de conocimiento, sino para corregir dirección o punto final, reprogramar y seguir avanzando.

Ignorar, en el ámbito creativo, también se vuelve saludable, puesto que no existe prejuicio alguno sobre la creación que estés elaborando. No saber que alguien ya antes había creado tal cuadro, libro, película, etc. no te vuelve iluso, te pone en el camino del descubrimiento y el aprendizaje. Imaginá la magia que reside al haber dos totales extraños capaces de crear obras similares sin haberse conocido previamente, sin importar la época en que cada uno viviera, fueran siglos de distancia o tan solo dos cuadras. No existe un mapa para la creatividad así como para la vida, tenemos relatos, experiencias y consejos, todo ello es información que podemos ignorar o no, pero porque no sepamos cómo vivir no significa que debemos dejar de hacerlo; la clave es hallar las preguntas y continuar preguntando.

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