Sobre la vida, la supervivencia y la reproducción

La glorificación del sexo y la vida de pareja se expresa en la mente del sujeto como la creencia que la experiencias anteriores son las más increíbles de la vida en todo los casos, y muy seguido la razón por la cual llevan a cabo la sobrevivencia.

En otras palabras, la mente que está destinada a perdurar en las aguas cambiantes del mundo es la mente que vive con el convencimiento que el estado de perfección está en el mundo. Alegándose a ideas inventadas, etiquetadas con un criterio permanente de autoconvencimiento sobre un concepto de naturaleza mundana o cambiante, su mente se frustrará por siempre de ver ante sus ojos cómo lo que considera su salvación se derrumba continuamente en pedazos. Y así funciona, para mí, la deducción de lo que es la reencarnación brahamica.

Y así es como están viviendo las mentes en el mundo. La naturaleza de la mente es indomable, la mente es un fenómeno por sí solo natural; pero la conciencia, o como le dicen los budistas el observador, es la fuerza capaz de separarse de ella, no rompiéndola sino deshaciéndose de la creencia que lo que la mente impulsa al individuo a hacer sea lo correcto.

La mente existe así; de otra manera la vida se extinguiría, lo haría porque la vida nace de aquí, nosotros nacemos de este mecanismo. Lo llaman sufrimiento, yo lo llamo fuerza evolutiva.

Esto nos lleva a hablar del sexo una vez más.

El sexo es la manera más tradicional de los seres de mantener un propósito así como una inestable realización personal y…. la especie! Que es casi lo único que aparentemente en la biología se ha visto que a los seres les importa y que están definitivamente determinados a lograr. Pero los seres logran esto, y mueren. Sin dejar rastro en el mundo, aparentemente desaparecidos por siempre de la tierra. Siendo parte de la naturaleza del mundo una vez más. Deshaciéndose.

Esta corriente natural cíclica que lleva a la mente a hacer ciertos comportamientos, muchas veces muy en contra de los anhelos que el observador o la conciencia tiene (así como tener paz y ser feliz) se basa en pensamientos y en los sentidos para lograr probablemente los intereses de una energía o entidad egocéntrica. La fuerza evolutiva. El demonio. Según los budistas la trampa hecha por nosotros mismos.

Los animales en la tierra fuera de nosotros no pueden reconocer esta corriente, pero nosotros sí. Y si podemos entonces, ¿porque seguimos destruyendo y construyendo como los otros animales en sus más pequeños dominios?

Ir en contra de una corriente capaz de capturar la mente es difícil cuando no se es acostumbrado y se tiene que forjar estilos de vida en forma de hábitos.

La madre de los vicios recibe su nombre por algo, la señora pereza, la razón por la cual no ponemos esfuerzo para obtener cosas de verdadero valor duradero. Porque el mundo ofrece reales estados de éxtasis y los ofrece de inmediato, en plato de oro con diamantes y rubíes. Un humano aun sabiendo la naturaleza del mundo, sabiendo que morirá y todo morirá con él, que se quedará con las manos vacías y se arrepentirá, casi siempre preferirá no sacrificarse y vivir superficialmente y mecánicamente. Sirviendo a la energía evolutiva, que todo lo chupa y todo recicla. Dedicando su vida a esta fuerza que construida está por nosotros mismos y no es residente del edificio de las verdades. A simple vista deducida como totalmente indiferente a los esfuerzos por nutrirla.

Si fuese un alienígena, definitivamente pensaría que nosotros posiblemente fuimos alterados como experimentos para ver qué hace una mente dotada de estas dos fuerzas; el observador o “la esencia personal” y la fuerza o identidad evolutiva, dicha “ego”. Esto solo porque para bien o para mal los seres del mundo fuera de los humanos viven en un equilibrio cíclico más que perfecto, en sentido de sostenibilidad. Esto me hace deducir que algo más allá de este mundo nos fue añadido, y como el bicarbonato de sodio con el ácido acético que hacen reacciones químicas fascinantes y con muy poco control, así hicieron con los humanos.

Tenemos lo que podemos llamar: el morbo del aburrimiento.

La mente humana que se vuelve inconscientemente confusa e inquieta de no saber concretamente por qué está sobreviviendo todos los días, esforzándose por nutrir el cuerpo y oxigenarlo, sin encontrar un propósito.

Seguir entonces el observador o “estar consciente” significa separarse del ego y dejar el ego vagar por otra parte sin ser servido ni alabado. El budismo nos invita a hacer esto de manera diligente porque según tal doctrina, gobernarse a sí mismos es la única cosa que puede quedarse con nosotros más allá de la muerte y la ira de un dios, lo cual me parece bastante lógico. Una vez más, la fuerza evolutiva es más difícil para nosotros de evitar por llevar la característica que promete un éxtasis y una realización inmediata; impermanente, pero inmediata. La pereza, entonces, ¿por qué existe? ¿No es ilógico deduciendo estas dinámicas seguir metiendo la cara en el estiércol de todas maneras? Los humanos están aterrorizados. Esto es porque, muertos de miedo, y muertos de cansancio, y muertos de cansancio por tener miedo.⁠⁠⁠⁠ El morbo del aburrimiento. La falta de seguridad en la vida. La falta de saber qué está pasando. La falta de control. Productos del ego, el miedo yace en la incertidumbre. Sinceramente, pienso que la sociedad sin duda alaba a la satisfacción inmediata. Si existe una realización, se sabe que tiene que ser adentro del ser, en el espacio interior, el mundo no es dotado para realizar, no es dotado de permanencia. Tan fácil como hacer la comparación por medio de la competitividad natural que se puede substraer en cada aspecto del mundo, así como si fuese una curva de fluctuación que relaciona el poder entre los seres, se sabe que es fluctuante y que nadie va por siempre a ser el mejor de todos en algo; también porque tarde o temprano encontrará su fin en la muerte. En el caso del espacio interior, no existe competitividad; simplemente existe la aventura personal; donde el único perjudicado de hacer algo es el mismísimo ser. No es algo difícil de deducir, es algo que los humanos ya habían deducido hace miles de años. Aun los mecanismos de comercio y de poder social han hecho que una sola persona esclava del ego haya estimulado la cantidad de personas necesarias para que le enseñasen a sus hijos y se hiciese un gigantesco dominó en donde la mayoría de las personas toman como inevitable el estilo de vida cíclico de continuo sufrimiento; y continua competencia.

El miedo, recapitulando, es entonces simplemente la búsqueda impulsiva de un punto fijo inexistente. Mantener el espécimen lejos de posibilidad alguna de muerte y mala salud. Hacer que el animal logre sobrevivir, para después lograr su cometido que es reproducirse, y morir. La zona de confort, se forja donde la mente reconoce patrones en los que puede confiar su sobrevivencia.

Los competidores son:

  • la fuerza evolutiva: nacer sobrevivir, reproducirse, morir.

vs

  • el observador: la realización.

La única diferencia que tienen, es que el primero se muerde la cola. Y no acaba.

El segundo, no lo sé. Pero tengo esperanzas que tenga una meta.

Los miedos son, como dije anteriormente, la búsqueda impulsiva de un punto fijo inexistente en donde la mente reconoce patrones en las condiciones sensoriales y evocadoras de pensamientos. La mente  inevitablemente y con mucha facilidad empieza a crear estos reconocimientos de patrones apenas nace el ser por medio de este mecanismo bien instalado en el cerebro de los seres. El primer trauma es un tema aquí interesante de discutir.

¿Cuál es el primer trauma? ¿Cuando se sale de la panza de la madre o en alguna manera cuando se está dentro del vientre?

Dentro del vientre hay comida continua, calor continuo, aire continuo, sentidos subdesarrollados en algunos momentos. Pero lo más interesante, el único estado en donde un ser puede vivir sin respirar por sí solo. Ni siquiera teniendo que hacer el mínimo esfuerzo por sobrevivir.

Muchos filósofos asumen que el primer trauma es el nacimiento, y antes de este se está en total realización y des-importancia. No conociendo nada del mundo exterior.

Personalmente, si yo pienso en la idea que tenemos el morbo del aburrimiento bien dentro de nuestra mente y es parte de nuestra naturaleza; asumo que apenas la mente tomó noción de sí misma, apenas se expresaron las primeras ideas de separación o etiquetación de las cosas, hubieron ya signos de miedo en alguna manera. Como por ejemplo querer ver más allá de la pared roja. Pero esto seguramente es muy diferente a un trauma. El trauma es por así decirlo, un impacto en la zona de confort, que asigna un punto fijo inexistente en donde la mente reconoce patrones en las condiciones sensoriales y evocadoras de pensamientos. Este ya siendo un pequeño trauma, o un gran trauma.

De esta manera, apoyaría definitivamente el primer trauma, como la primordial acción de estar en condiciones instintivamente desfavorables o inconvenientes a la sobrevivencia y a la buena salud. Y estas dos ultimas es justo lo que el miedo, programa instalado en más mentes, se encarga de hacer.

El dilema es que si nuestra tendencia entonces a aburrirnos viene de este trauma. Si en este momento, un ser se queda sentado sin moverse por  horas; ya está siendo inevitablemente distraído por conseguir comida, comer, tomar, defecar, orinar, cuidar de sí mismos en salud física. Estas son las necesidades básicas, las únicas dignas de ser llamadas necesidades.

Por otro lado, el ser empieza a tener tendencias naturales también instaladas en su cerebro, en el caso de los animales sociales, sobrevivir en grupo. Deseos sexuales. Deseos de poder. Todo en nombre de la prosperidad del mejor gen posible más adaptado y la promoción de las generaciones. Los humanos, los tigres, todos son así.

Si se ve la vida en tercera persona, aislándose de esto por 60 segundos, se puede ver por qué algunos dicen que no tiene sentido la vida, porque existe el paradigma natural en donde nada se concluye y todo se deshace. Quien se auto proclama pesimista, parte del concepto mundano, donde nada es relevante.

Para mí, lo anterior es un regalo, supongo que me convierto en optimista por esto. Si nada es relevante, solo queda ser lo que se decide ser, y para mí sería feliz. Sin embargo, fácilmente me puedo dejar agarrar por la pereza y sumergirme en estas olas que guían hacia un hueco infinito sin fondo donde nada es permanente.

Siempre me dan ganas de sonreír, y regocijar, sabiendo que todos los apegos que tengo, pronto no tendrán sentido. Cuando una vez más mi forma cambie totalmente, aunque ya lo ha hecho, digamos que popularmente me refería a la muerte en sí, y la de todo lo demás también.

Es interesante pensar, que ni un solo pensamiento de una mente de 4 años queda en la misma mente cuando tenga 50 años. Y ninguna célula en su cuerpo. Técnicamente habiendo muerto.

Pero el miedo, se encarga de reconocer patrones y etiquetar, el miedo se encarga de conectar cosas fantasiosas solo para hacernos sobrevivir y reproducir. Solo para eso!

Asumir,  creer deliberadamente lo fácil de creer, y listo.

Como si alguien hubiese dicho: vamos a ponerles un chip, un software, que va a poner a los seres a reproducirse, que va a reconocer que fue la mayoría del tiempo el patrón responsable de la mejor adaptación al ambiente en donde los seres viven, que salgan los individuos más aptos a la vida y que estos sean lo más numerosos posibles. No importa los efectos secundarios. No importa el costo.

No importa el costo.

Cuando no se juega este juego, se tiene que negar el poder del software, con la única alternativa que tenemos, el poder del observador.

Recapitulando, el primer trauma, es considerado un evento crucial también porque es el cambio repentino de todas las condiciones de vida; el miedo reconoce esto y empieza a formarse la zona de confort. Reconociendo patrones mucho mas rápidamente que en la panza por el hecho de que esta vez el miedo se manifiesta en su máxima expresión; y empieza a buscar algo permanente a lo cual agarrarse porque la incertidumbre total le quita totalmente a la mente la seguridad de sobrevivencia y buena salud. El propósito de la mente es uno, y los seres que no reconocen estas dinámicas de la mente y no se separan de ella, sufren. Todas las mentes tienen una ancla de naturaleza indomable que se mueve hacia perpetuar a la especie en la mejor manera; pero todas las mentes tienen ese algo atado a esa ancla, ese algo es para mi la esencia del individuo.

Vamos a ponerlo mejor; ese algo atado a el ancla no esta atado sino sujetado, mientras esta se mueve en su propria dirección, en un mundo lleno de incertidumbre y evocador de miedo en donde no vemos signos del alivio aparentes a nuestro morbo del aburrimiento. El morbo del aburrimiento es parte de ese algo atado al ancla que se mueve hacia la propagación de la especie. En alguna manera, podría ser considerado como el punto de unión entre el ancla y ese algo. Porque si ese algo suelta el ancla, el ancla va a vagar por ahí, pero no se irá. Solo quedará ahí ofreciéndole al algo un alivio instantáneo apenas se una a el, el morbo siendo la energía que impulsa a ese algo a creer que el ancla le dará lo que quiere, el cesar de su incertidumbre, el no ver el vació del mar donde el ancla se mueve y sentirse completamente inexistente, quieto, abandonado.

Abandonado, este aspecto es el combustible del aburrimiento. Y que se manifiesta por primera vez cuando se permanece llorando desnudos hacia el cosmos después del nacimiento.

El primer trauma según algunos, explica el morbo del aburrimiento como el hecho de que se vive creyendo, que las condiciones perfectas de antes de conocer el mundo en el vientre es lo que buscan, y todo lo hacen en nombre de encontrar ese sentimiento.

Sin embargo, algo hizo que el pequeño quisiese curiosear más allá de la pared roja; concluyendo que para mí, el morbo está en la parte de la mente que consta de ese algo pegado al ancla. Como una búsqueda de descubrimiento personal, como una búsqueda de sí mismos en el mundo.

Cada mente es el universo descubriéndose a sí mismo. Cada viaje de cada ser cesará solo cuando el ser se descubra, y la energía responsable de la curiosidad hacia algo más allá, pare.

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